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lunes, 25 de agosto de 2014

Lo mio con Nintendo 64 es amor

Corría el año 1997 era la madrugada del cinco al seis de enero, era noche de Reyes. Le había pedido a los Reyes Magos una Nintendo 64, bueno en realidad llevaba un año pidiéndola a todo el mundo sin éxito. Pero yo sabía que esa noche cambiaría todo, que esa noche llegaría mi tan ansiada consola, algo realmente nuevo, juegos que no eran 2D.

Eran las siete de la mañana del sexto día de enero, me levante de la cama, no podía aguantar más, llevaba toda la noche en un insufrible duermevela pensando nada más que en salir y desempaquetar mi regalo. Lo dicho, dieron las siete y no aguanté más. De un salto dejé la cama y salí raudo y veloz de mi habitación dirección al salón tras despertar a mi hermano pequeño a quien le aguardaba una flamante Game Boy Color.

Llegamos al salón y el sueño se hizo realidad. Allí estaba por fin mi tan ansiada consola. La primera consola de Nintendo en tener juegos con gráficos 100% poligonales. La Nintendo 64 con Mario 64 incluido el Mario Pak. La que por aquél entonces costaba creo recordar 19.990 pesetas, me tenía aprendido hasta el anuncio, me sabía de memoria los vídeos de la Hobby Consolas relacionados con ella.


Fue conectarla a la Sony Trinitron de 23 pulgadas que había en el salón y quedarme con una cara de asombro que pocas veces he repetido. La cara de Mario, ese Mario que tenía visto hasta en la sopa en vídeos, series de televisión y juegos, se mostraba ante mí totalmente 3D. Que graficazos!!! dije. Comencé a jugar y recuerdo que la siguiente vez que miré el reloj eran las doce y media. Ya era medio día. Estuve toda la mañana ensimismado, no me podía creer que el
pequeño Mario tuviese voz(todos le oímos en un juego por primera vez). Además era 3D, podía corretear por todas partes, saltar y lo que más perplejo me dejó, yo tenía el control de la cámara.


Esto me parecía magia, ahora yo controlaba la vista, al principio me costó acostumbrarme. Parecen dos juegos pensaba... por un lado controlas a Mario y por otro a Lakitu(el cámara). No se si me acostumbraré pensaba... tiene gracia, ahora no sabría que hacer sin un stick que controlase la cámara.


Impactado me dejó ver por primera vez a Bowser, no solo era 3D, era enorme y sonaba impresionante, tengo que reconocer que mi primer encuentro con él fue frustrante, Bowser me pudo, yo, al igual que muchos en aquella época, era un auténtico novato en la tercera dimensión.

Después de semejante partida, apagué la silenciosa consola. Contemplé el mando de control. Pero que raro era, ¿siempre se cogería así?. tiene un gatillo y era imposible dejar de usar el nuevo stick analógico, yo al igual que muchos pensamos, esto es perfecto, esto es el futuro(recordemos que la gente que tenía PlayStation aún no tenían stick analógico). No me podía creer que el pad de control, ese pad que yo había machacado en mi Game Boy, ese pad que llevaba desde Nes y los Game and Watch, ese pad que era la única forma de moverse hasta entonces aparte de los joysticks, quedaba relegado a un segundo plano en la parte izquierda del mando. No creo que vuelva a tocarlo nunca, pensé en ese momento.


Por debajo del mando se apreciaba un extraño slot, yo sabía que se podía conectar una memory card y un extraño periférico llamado Rumble Pak que Nintendo aseguraba que transmitía vibración al mando, que hacía sentir el juego, yo pensaba que nos tomaban el pelo. Más adelante Lylat Wars (Star Fox 64) nos demostró que sería el futuro y que llegaría para quedarse.



Dieron las doce y media del medio día, era el día de Reyes, vamos a casa de mis abuelos dijimos mi hermano y yo. Media hora después allí estábamos, yo no podía dejar de hablar con mi hermano del Mario 64 y de lo impresionante que se veía su nueva Game Boy Color con su recién estrenado Asterix y Obelix.

La sorpresa en casa de mis abuelos fue mayúscula, entre algún que otro regalo en forma de Megazord de los Power Rangers, había un juego precintado. Ni más ni menos que Wave Race para mi flamante Nintendo 64. No me lo podía creer un juego con unas físicas que por aquel entonces directamente decíamos que eran reales. Incluso a día de hoy sigue siendo mi favorito de carreras en Nintendo 64 seguido de F1 World Grand Prix.


Con el paso del tiempo fueron llegando otros juegos, 007 Golden Eye, Misión Imposible, S.C.A.R.S, los Banjos, Perfect Dark, Lylat Wars, 1080 Snowboarding, el F1 WGP, Mario Kart, los Turoks y así se fue poco a poco engordando la lista hasta llegar a los treinta que tengo, al menos por el momento.

Yo pensaba que el impacto que supuso para mí(supongo que para muchos de vosotros también) de Mario 64 no lo superaría en mucho tiempo ningún otro juego. Todo eso cambió en las navidades de 1998. Las navidades del 98 son para los Nintenderos unas de las más ansiadas y mejores que hemos tenído nunca. En mi opinión nunca superadas. Muchos ya sabrán de que hablo.

Fueron las navidades de Zelda. El juego The Legend of Zelda Ocarina of Time salía un mes antes, pero fue en Diciembre y Enero cuando casi todos pudimos disfrutarlo. Por aquel entonces yo estaba acostumbrado ya al 3D y sus enormes escenarios pero no estaba acostumbrado ni preparado para lo que se venía con Zelda. Bueno es más, diría que ninguno nos esperábamos algo como ese Zelda. Fueron de nuevo los simpáticos de los Reyes Magos en casa de mi padre los que me dejaron el regalito. Una caja negra y dorada, pesada como la que más, pues tenía en su interior una guía con todos los textos del juego traducidos al castellano, cortesía de Nintendo España(prometieron traerlo traducido y finalmente llegó en la lengua de Shakespeare). Toda una joya solo vista con ese libro en España y que conservo como el primer día.

No podía creerlo, tenía el Zelda, después de un rato jugando y pasando el primer templo(el árbol Deku) yo pensaba que todo el juego sería así. Minimundos como el bosque Kokiri, ya había visto escenarios similares en Mario 64, pero el Zelda no sería así, era una broma, una pequeña tomadura de pelo por parte de Miyamoto, un pequeño tutorial para que nos acostumbrásemos a un Link que ya no se veía con una vista aérea. Fue entonces cuando salí a la campiña de Hyrule. Mis ojos se quedaron como platos al ver un gigantesco territorio que explorar, yo andaba y andaba y no se terminaba nunca, era lo más hermoso y gigante que había visto en una videoconsola. Ahora tendríais que imaginar mi cara(seguro que la compartimos muchos en aquél entonces) al ver que mientras andábamos con Link se hacía de noche y en el horizonte se encendían luces. Vamos a ir donde las luces!! decía mi hermano, lo mismo allí hay gente. Al llegar al lugar iluminado me topé con un rancho de caballos que estaba cerrado, era un rancho que me sonaba raro Lon Lon Ranch se llamaba. Mi cara de incredulidad aumento cuando defraudado por no poder entrar, di la vuelta al personaje y vi al fondo una enorme muralla que daba a una ciudad.

Un escalofrío recorrió mi espalda. al echar un vistazo mientras amanecía, el mapa se extendía más, más y más.


La segunda mitad y finales de los 90's la recuerdo como una guerra de fanboys encarnizada en el colegio. Nada que ver con lo que hay ahora claro, pero en aquella época, los Segueros y los Nintenderos por primera vez nos uníamos contra unos fans nuevos que venían pegando fuerte. Estábamos en plena generación PlayStation. Cada uno sacaba las virtudes de su consola favorita llegando a enfrentarse con los contrarios incluso en el patio del colegio. Recuerdo que yo llegué a defender lo indefendible como los cartuchos frente a los CD's. Mis juegos se ven mejor, decía. En efecto la N64 era el doble de potente que la PSX pero por aquel entonces no entendíamos tanto de estas cosas. También defendía que no había tiempos de carga, con eso siempre ganaba todas las guerras a los niños de la Play. Hoy en día sigo disfrutando ambas, el solo poder tener una consola, unido a la edad que teníamos te hacía estar ciego. Yo me perdí grandes títulos que salían en PSX y la gente que la tenía se perdía maravillas como el Zelda por esos motivos. Afortunadamente hoy en día no tengo ese problema y puse remedio al asunto teniendo las dos.

Hoy sigue siendo mi sobremesa favorita, tengo dos y mi vieja Nintendo 64 con su Mario y su pegatina de Zelda Majora's Mask(sí, las Navidades del 2000 también fueron muy Zelderas) siguen funcionando a pleno rendimiento. Ahora te preguntarás ¿por que este amor por la Nintendo 64?, ¿por que adoré y adoro una consola que comenzó con el abandono por parte de las third a Nintendo? y una clara cuesta abajo de la compañí nipona, una consola que tiene un catalogazo pero no tan extenso en número como el de PlayStation y con cartuchos, con un stick analógico que con el tiempo se convirtió en un dolor de cabeza.

Pues simplemente por aquel primer momento con la cara de Mario a las siete de la mañana aquel seis de enero y aquél momento indescriptible al abrirse ante mí la campiña en el Zelda Ocarina of Time. Aquellos dos momentos me marcaron como jugador para siempre, me emocionaron he hicieron que sea como soy hoy en día en el mundillo.

Desde entonces busco repetir ese momento, lo he buscado con todas y cada una de las 59 consolas de mi colección, por desgracia sin éxito. No se ha vuelto a repetir, ese escalofrío, esa sensación no la he podido revivir, tal vez fue un cúmulo de cosas, la edad, el momento, el impresionante cambio generacional que supuso el salto tecnológico, la nueva forma de jugar, tal vez todo a la vez o tal vez, simplemente ninguna consola o juego posterior ha sido tan grandiosos como esos, al menos, en mi humilde opinión o no han conseguido llenarme igual quedando eclipsados todos los demás por los anteriormente mentados. Estoy seguro de que cada uno de vosotros habrá vivido algo similar con su PlayStation, su MegaDrive o su Atari 2600 o la que sea. Seguro que tu juego fue Final Fantasy VII, o el tuyo fue Pitfall, o el tuyo Golden Axe, pero de lo que estoy seguro es de que ahora entendéis por que lo mio con Nintendo 64 es amor.




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1 comentarios :

  1. Te entiendo, he sentido 2 veces lo mismo. Cuando encendi mi primera consola, la Master System II y cuando vi al primer zombie del Resident Evil en PSX.

    _saludos

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